http://chulucanasnoticias.com/wp-content/uploads/2015/08/martin-luther-king-discurso.jpg

martin-luther-king-discurso

Yo tengo un sueño (I have a dream), es el título de un discurso que Martin Luther King Jr. pronunció el 28 de agosto de 1963 ante una multitud bajo la sombra de la estatua de Abraham Lincoln, quien fue el presidente que firmó, en 1863, la Proclamación de la emancipación de todos los esclavos negros de los Estados Confederados de América. Aquí en el Perú, ya el Mariscal Castilla había decretado la libertad de los esclavos negros en 1854.

Este discurso de Martin Luther King Jr ha sido considerado uno de los mejores discursos de la historia de la humanidad y en resumen plantea que después de cien años todavía no existía una verdadera libertad para los negros de Estados Unidos y que en un futuro no muy lejano quería ver a los negros y blancos juntos como hermanos, sin distinción de color de piel, de creencias religiosas e inclusive de opiniones políticas. Todos juntos en pos de la Libertad.

Yo tenía aproximadamente 6 años cuando el General Velasco, en el marco de la Reforma Agraria, dijo: “¡Campesino, el patrón ya no comerá más de tu pobreza!”. Y poco tiempo después en las noches de Chulucanas veía pasar por la calle Huánuco, ahora llamada Ramón Castilla, a mucha gente llevando banderas rojiblancas para plantarlas en las afueras del pueblo que en ese tiempo quedaban por la Comisaría.

Poco a poco fueron surgiendo aquellos Pueblos Jóvenes que luego algún gobernante les cambió el nombre a “Asentamientos Humanos”, que se iniciaron junto a la Comisaría, pasaron por el Grifo y que ahora llegan casi hasta la orilla del río Ñañañique. Aunque ahora he visto casas pasando el río, y seguramente dentro de poco nos uniremos con el Kilómetro 50.

A esa edad yo empezaba a aprender mis primeras letras en la Escuela Niño Jesús de Praga que tenía de patrono a un Niño Jesús con el mundo en su mano izquierda y saludando con la mano derecha. Allí, en esa pequeña escuela me iba asombrando cómo el unirse de las letras formaba palabras y éstas conformaban historias. Parecidas a los relatos que, sin saber leer ni escribir, me contaba mi abuela Mercedes.

Mi madre solamente estudió hasta tercer año de primaria, porque en sus tiempos las mujeres “no necesitaban aprender a leer”, decían que solamente debían estar para servir al marido. Para lavar, planchar y cocinar no necesitaban saber leer ni escribir. Creo que por eso mi madre nos inculcó a sus siete hijos el que seamos profesionales

En el afán de aprender las primeras letras, rompí muchas pizarras de piedra que llevábamos en la mano como si fuera cuaderno, en la cual escribíamos con tiza y borrábamos con un trapo húmedo.

En ese tiempo tenía el sueño de que con nuestra generación se rompería el círculo vicioso del analfabetismo y que nunca más habría niños que no aprendieran a leer.

El tiempo se encargaría de enrostrarme la realidad que aún hoy en el siglo XXI existen muchas personas que no saben leer ni escribir. Y lo que es peor, algunas aprendieron a leer y no leen libros, solamente repiten lo que le cuentan otros.

En las elecciones del 2011 me tocó ser miembro de mesa en la Institución Educativa INA 33 y una de las personas que me acompañaron no sabía cómo decirme que era iletrada. Cuando le pregunté cómo es que había salido elegido miembro de mesa me dijo que porque en su DNI decía que tenía secundaria completa. “Es que cuando la registradora me preguntó por mis estudios, yo le dije que tenía secundaria completa, tenía vergüenza de decir que no sabía leer”.

Aun, cuando Chulucanas es una pequeña población representativa de los pueblos olvidados por el Gobierno Central, y tenemos gran cantidad de analfabetos, de desnutrición infantil, y escasa salud, mantengo el sueño de que en un futuro cercano estaremos, como decía nuestro Vallejo, “con los demás, al borde de una mañana eterna, desayunados todos”.

Por esa fe, que palpita en la tierra que somos, y por aquellas personas que hacen la diferencia, que se preocupan desinteresadamente en el bienestar del próximo que está a nuestro lado y que realizan labor de hormiga para conseguir el cambio y progreso de la humanidad es que tenemos la esperanza de que el futuro va a cambiar.

El cambio empieza por nosotros mismos, por inculcar valores a nuestros niños, porque lo que aprenden de niños, nunca lo olvidarán de adultos.

Y el principal valor, como personas libres y de buenas costumbres, es el amor a la humanidad.

Yo todavía mantengo el sueño de una Patria Grande y Hermosa donde las bases no sean los bienes materiales, sino los propios seres humanos.

@David Arce